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Buenos días Tailandia!

En el sudeste asiático y caracterizado por las ruinas, templos y su apasionante cultura milenaria, en Tailandia hay siete lugares conocidos como las «Siete Maravillas de Tailandia«. Thainess, la Tierra de los Tesoros y la Historia. Sus playas y el entorno natural tailandés lo nombra «el País de la Sonrisa Saludable».

Mar esmeralda, vegetación exótica, fondos de coral, Phuket con sus cientos de puestos ambulantes e infinidad de sabores. La puesta de sol en una de las solitarias playas de Phi-Phi, el exquisito Shinga…

Phuket es la isla más grande y poblada de Tailandia. Un puente la conecta con Phang Nga, al continente. Los visitantes se suelen concentrar en tres playas, Patong, Karon o Kata. Además, Phuket constituye un excelente lugar para practicar el submarinismo, quizá de los diez mejores del mundo, y además muchos navegantes encuentran en sus puertos un refugio magnífico antes de emprender el camino a Penang o Sri Lanka.

Phuket presenta una costa en la que alternan las playas de postal al fondo de las bahías con penínsulas rocosas y acantilados. Las colinas se pueblan de bosques espesos y en los lugares propicios surgen los arrozales y las plantaciones de caucho, de cacao, de anacardos.

Quedan restos de la arquitectura sino-portuguesa de la ciudad de Phuket, casonas del siglo XIX que fueron levantadas por los magnates chinos del estaño y el caucho, y que todavía se conservan. El mercado de Ranong Road se anima a primera hora de la mañana. A pocos metros se encuentra Put Jaw, el templo taoísta chino más antiguo de la ciudad. Tal vez el templo más vistoso sea el consagrado a Kiu Wong, considerado el dios de los vegetarianos.

Paisaje irreal

Phuket es la puerta de partida para explorar otras islas cercanas. Uno de los mejores destinos son las islas Phi Phi. Cuando el barco se va acercando, las Phi Phi muestran sus farallones de piedra caliza que se hunden en el mar, y todo adquiere los tonos de un paisaje irreal, como si perteneciera a un tiempo antiguo. De las paredes verticales de roca viva surge la vegetación enmarañada y parece un lugar inaccesible. Y a pocos metros el perfil se dulcifica y hay lomas suaves cubiertas de terciopelo verde, y trazos blancos en la orilla, la promesa de playas acogedoras. En una de ellas se rodó la famosa película de Leonardo Di Caprio.

Phi Phi Don es la única habitada de las dos. Durante siglos fue un islote medio perdido, habitado esporádicamente por los chao ley, la “gente del mar”, un pueblo que vagabundea desde hace siglos por la costa occidental de la península malaya dedicados casi por completo a la pesca y a la búsqueda de perlas. Tal vez algunas de estas islas, poco conocidas y con innumerables cuevas, fueran refugios de los piratas que, en tiempos no tan lejanos, infestaban estos mares.

Phi Phi Don se compone de dos partes completamente distintas: una formada por farallones de roca, y es tan agreste que está deshabitada. La otra, de suaves colinas, es donde se concentra la población y los hoteles. Pero sigue sin haber una sola carretera en toda la isla, y para recorrerla es necesario caminar por senderos dibujados entre la vegetación o tomar una piragua de motor. Hay rincones olvidados y playas ocultas que únicamente son accesibles desde el mar.

Un espejismo convertido en playa

A poca distancia de Phi Phi Don surge su hermana pequeña, Phi Phi Leh. Es un islote rocoso de altas murallas que caen a pico, un lugar hermoso y deshabitado. En sus cuevas anidan los vencejos y, desde hace siglos, los chao ley acuden durante unos meses al año a recoger los nidos, que son una de las delicias de la gastronomía china. Para ello deben escalar a grandes alturas por lianas y estructuras de bambú con el fin de recolectar, arriesgando la vida, estos tesoros que alcanzan precios altísimos.

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Al navegar alrededor de Phi Phi Leh se distinguen las entradas de varias grutas, y una de ellas se puede visitar.  Hay un momento en el que la piragua entra por un desfiladero en una laguna que no era posible sospechar que existiera. Parece un espejismo: una playa al borde del agua, rodeada de precipicios.

 

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